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22.10.10

Elogio del proxeneta/Luis Miguel Rabanal

24 de noviembre

Indicios que interpreto para que la desesperación se urda más funesta: la lluvia que se estrella en la avenida con escándalo; el Nordeste que bufa como un aparecido; las ventanas de la Casa cerradas por si el fuego; el Apagador de luces de Alfaro que se esconde de mí; los niños que no distingo desde el lunes jugar en esta acera triste; mis ojos que curiosean con asiduidad algunos cuerpos que hace siglos que faltan en mi corazón; la helada mirada de Laura cuando me transfiere las cuentas imposibles de su amor mojado; mi rostro ante el brasero lo mismo que una sombra; la desafección de los nietos que ni me llaman ni me envían cartas con dibujos; los labios cuarteados de O. si me quisiera; aquel tren que vuelve a mis peores pesadillas con el alférez provisional en calzoncillos; el mudo tiempo asignado a los relojes que adquirieron ellas para que e  tiempo se acalore; las partículas de daño clavadas en mis músculos temporales ahora mismo; la noche que salta a mi encuentro embozada y miserable, la noche que se asombra al descubrirme ocupado en investigar pasiones o torturas y que no son artículo de fe sus muslos de ciruela. Se resume todo en una palabra que nadie ha trazado aún.

Buscar la fuente inagotable del dolor como si habláramos de un acto de recreo...

Un buen amigo ha creado una página en facebook dedicada a este libro.
enlace:  http://www.facebook.com/pages/Elogio-del-proxeneta/117298244997448


5.8.10

Elogio del proxeneta / Luis Miguel Rabanal

12 de agosto

Para variar, me siento casi bien. Es decir, he dormido buena parte de la noche, sin dolor y sin lástimas, he cantado en sueños con vocablos increíbles y por la mañana he dado un dilatadísimo paseo de unos, aproximadamente, cuarenta largos metros. Aquiles me fio a regañadientes un libro de Borges y con una témpera escarlata estreno la pintura de mi cuarto escribiendo en los cantones la excelencia que sigue:

... soy un hombre de ciudad, de barrio, de calle:
los tranvías lejanos me ayudan la tristeza
con esa queja larga que sueltan en las tardes...

Hay días que dejarlos así es lo más aconsejable, tan a sus anchas en completo silencio, sin añadir nada a ese sortilegio suyo que nos conmueve; dejarlos así porque si no, podríamos de repente equivocarnos y ya está uno harto de los errores ajenos y no digamos de los propios; dejarlos reposar hasta agriarse... Este Borges sabe detrás de lo que anda, el insensato. ¿La concha de su madre? ¿La de la mina Kodama? Por qué no haberle abordado e interrogado en el paraninfo de la Universidad de B. ¿El párpado caído...?

Elogio del proxeneta
Luis Miguel Rabanal
Ediciones Escalera, 2009

21.11.09

Elogio del proxeneta / Luis Miguel Rabanal

(cartel by Jul)


21 de noviembre


Tal día como ayer se extinguió el Hombre Tan grande. Mi recuerdo no es compasivo para con el tipejo de la cizaña que supo, tan formidablemente, interrumpir la Historia. Que ellos, que lo harán, sin duda, lo añoren. Yo solo analizo mi memoria personal y si logro evocar las afrentas que me acontecieron en aquella jornada me doy por satisfecho. En casos así abuso de la falsificación fraudulenta de los afectos y del método encauzado a subsanar lo tendencioso. ¿Qué más podría seducirnos? Rumores nos llegaban a la calle del Pez certificando que el generalísimo no saldría de esa noche, y luego las maduras lágrimas del carnicero Arias en el televisor Aspes. Hubo caras de regodeo y, cómo no, entre las nenas, caras de una tristeza desbarrada. A las tres y media irrumpieron a clausurarnos la Casa por Orden de cierta autoridad gubernativa y solemne. Y la trancamos, pero de puertas al exterior porque en lo profundo se instruyó una timba agigantada, acaso por aquella esperada orden, o por el novel y adolorido luto de las ninfas que clamaban con ronca voz en el desierto. Fue lúcida, rozagante. Y fui derribado con estrépito, por primera vez en mi existencia, de un taburete que compartí con Justa, cargado de giniebra y ahíto de su aliento de chorba inesperada. Y fracturé el fémur por tres localizaciones desiguales. Qué más decirte, amigo mío. Cómo no voy a recordar con pesadumbre la nefasta fecha del óbito del Hombre Tan grande.


20.6.09

Anécdota sobre Elogio del proxeneta

Sucedió en la Feria del Libro en Madrid, nos lo cuenta la editora.

Se acercan tres chicas, adolescentes, con pendientes, mucho maquillaje, con el pelo lleno de tintes y de gominas.
- ¿Qué es lo que es proseneta?-pregunta una de ellas.
- Pos yo qué sé -responde otra.
La editora les explica sobre el significado de proxeneta.
- ¡Ah, joder! Pos fale.
- ¿Y qué coño significa elogio?

Pues, sí, así es. Estas cosas suceden con las palabras. ¿Acaso son palabras difíciles o de poco uso? ¿Será porque somos más un país de denostados que de elogiados? Pero proxenetas cada poco aparecen en las noticias nacionales, entonces ¿qué es?

14.6.09

Apuntes para la presentación de Elogio del proxeneta


Fue escrito en 1996 y 1997, estuvo a punto de ser editado en el año 2000 y por avatares del mundo editorial no pudo ser hasta este año, con un previo paso por internet en el blog "Elogio del proxeneta", hoy ya desparecido.

1. (Acerca del título)
Quizá en un primer momento sorprenda el título. El porqué de su elección lo encontramos al final del libro, en el Apéndice, donde una Nota del editor (se sobreentiende un editor literario o ficticio) nos explica que entre tres posibles títulos se eligió este por sorteo. Por supuesto que existen otras interpretaciones.

2. (Acerca del protagonista )
En el Apéndice también, firmado por Horacio Estanislao Cluck, leemos en una especie de prólogo que antes del fallecimiento de J.L.C. una amiga le entrega varios cuadernos escritos por el proxeneta y nos dice de él que era un hombre muy enfermo que escribía para sí mismo trozos de memoria.
Yo he querido entender que escribía en el presente, intercalándolo con episodios de su pasado, en esos cuadernos editados posteriormente ya como Elogio del proxeneta,

3. (¿Qué cuenta de sí mismo?)
Escribe en un diario que da comienzo un 25 de abril, no sabemos de qué año, aunque esto no es un dato importante desde el punto de vista literario, y lo concluye el 25 de abril del año siguiente. Nos habla de sus enfermedades, de sus internamientos en hospitales, de cómo le cuidan y le aman y le detestan las prostitutas, de las medicinas que toma, de sus cambios de casa, sobreentiéndase burdeles, de sus recuerdos, sus lecturas... Es un personaje lleno de ternura, irónico, y a veces mordaz. A través de él conocemos un sinfín de personajes secundarios que entran y salen de su vida, pero solo cinco permanecen a lo largo del libro, son: Betty, Charlotte, Laura y Virginia y en buena parte el poeta Horacio E. Cluck.

Lectura de la pág. 58, del día 16 de noviembre.


Ya en el tramo final, en la página 115 , en la entrada "6 de marzo" podemos leer que vive en una residencia de ancianos regentada por religiosas, que él parece confundir con prostitutas, y a partir de este dato comienza mi confusión. ¿Dónde está realmente? Me pregunto si lo que sucede, sucede solo dentro de su cabeza o sucede en el exterior, o si es todo un conjunto de realidad, recuerdos y fantasía mezclados en su mente. Ya dudo de si cuando "oye ese ruido de tractores" lo oye porque existe en la realidad o es uno de sus recuerdos o algo que solo él percibe.

Y esto lleva a reconsiderar una segunda lectura, donde se pueda ir analizando el extraño mundo de la memoria, los lugares que cita y hasta sería conveniente discernir el yo literario del yo real, el yo que recuerda la Guerra Civil, la posguerra y sus afrentas, o las fechas de los cumpleaños, del yo que está detrás de las casonas o del que jamás regresará a Andrados.

Se podría hablar también del hallazgo de personajes reales convertidos en personajes literarios: Memé, Luis de Dios, Xen, Rufus, Borja el hijo del cartero, Menéndez; de infinidad de lugares como La casa de la calle Rodeo, La playa de El Arañón, Xagó, la casa de la calle Dr. Graiño, El Parque de Ferrera, Las Meanas, La calle La Sal, calle del Pez, Cambados...
Asimismo se encuentra una con nombres que inciden en la historia que se narra de forma aparentemente irracional, tales como Antoñita Moreno, Supertramp, David Gilmour, Ballard, Corín Tellado, Heráclito, Cirlot, Borges, Santa Gertrudis, Maupassant...
Mezclados con lugares y personajes puramente literarios, es el caso del escritor Ordás de Bocanegra, de Bar-Elemig-Lana el Turco, de El Apagador de luces de Alfaro...

2ª lectura de la pág.15, del día 7 de junio.

Una obra con la que el autor ha pretendido de alguna manera parodiar y a la vez homenajear los diarios que él leía en aquellos años 90 y en mi opinión lo consigue con un gran dominio del lenguaje, muy trabajado, que va desde los coloquialismos a las metáforas más surrealistas, un léxico nada repetitivo, un lenguaje eminentemente poético en muchas ocasiones, porque no debemos olvidar que Luis Miguel es ante todo poeta.
Por último son de destacar ciertos neologismos, como Ivaginaciones,
Localismos
como: Guaxa, Nun ye igual, queso de Cabrales, oso de Oscos, zancajos.
Sumado a una gran abundacia de adjetivación: fémina magnámina, manos maconudas, ilógicos lunares, recónditos melindres, etc. Podemos observar en los adjetivos, sobre todo en los epítetos, una gran carga de ironía. Ironía que recorre en mayor o menor medida la totalidad del libro.

Resumiendo, ¿apología de la prostitución? Nada de eso. Si acaso una apología de la soledad, del olvido, del dolor, de la muerte...

Para terminar, lectura de un texto que le gusta especialmente al autor Pág. 123, día 13 de abril.


Nota: os dejo un enlace en el que se comenta, clic en el blog del periodista Fernando del Busto, Archipiélago Avilés.

11.6.09

7 de junio

Uno de los textos de Elogio del proxeneta, de Luis Miguel Rabanal, que leeré mañana.

"Los días de junio qué tristes. Desde la ventana contemplo los colores vivos de la gente, las faldas cortas, los bíceps irrisorios de los muchachos y me veo en el fondo de un abismo y me sé traicionado por todos y por todo. Tampoco es lo congruente escribirlo aquí. Pesan en las manos las tardes, en la boca se diluye la noche como néctar atrasado que enceguece. Quiero dormir y me nacen ampollas en los ojos.

Antes escribía con temor, pausadamente, vigilando que mis palabras expresaran sólo aquello que buscaba, como la primera vez que abrí un libro de Cirlot y me sudaban las horas y quería reescribir su sueño. Ahora carezco de límite alguno para ahogar mi penitencia. Ginebra, lápices mordidos, encerrado en casa, entre esas sombras que acechan en la calle La Sal, en Xagó si me adentrase todavía, más ginebra, el recuerdo de algún hijo que se perdió en octubre. Y muchachas, muchachas, muchachas, muchachas bajándose el short principalmente."

(Elogio del proxeneta, Luis Miguel Rabanal)

13.5.09

Elogio del proxeneta / Luis Miguel Rabanal


25 de abril


Qué descorazonador es todo. Después de haberlo hecho, uno permanece en silencio un poquito más, como si pretendiéramos callar, de cualquier modo, ese murmullo del cuerpo extrañamente quebrantado. Debí suponer que sucedería ahora, en la quietud malsana de la noche, cuando arden los taxis en las calles contiguas y mis entrañas no dejan de ser un vago recuerdo. Ella era así y la hermosura, o bien eso que con frecuencia confundimos y queremos que sea de tal forma, me la entregó de súbito desnudando su pereza y tardando con sus medias porque, protestaba con los ligueros en la mano, aún puedes esperar a que remate. Recordaba haberla visto en octubre en el café de Joro y, de aquella, mi salud no era todavía tan nefasta, ni plural en despropósitos, en daños. Qué sé yo... Lo hicimos muy deprisa, como es costumbre horrenda en ciertos sitios, y se marchó a su barrio. Querría dibujar ahora su piel sobre mi piel, detener el tiempo entre sus muslos y que se entretuviera el sueño en acercarse hasta mañana, hasta el improbable a continuación de un día. Veré si consigo terminar la copa.

Aparte de Charlotte, amiga fiel y platino que se tiñe, nadie hay en la Casa. Cumple de manera fenomenal con su trabajo y yo me digo que la felicidad, el engaño, será algo semejante a ese acto caliginoso que sin amor procura amor a quien lo paga. Es inocente en sus gemidos y me gusta, y por lo demás es tierna. Y su estilo, el cabal para complacer a un ogro. Dónde está de noche Virginia con sus modales delgados como su cuerpo que vale más soñarlo. Nunca volveré a dormir, lo presiento, más qué importa ya a horas tan fatídicas.

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Así comienza Elogio del proxeneta, un libro que Luis Miguel escribió en el año 1996 y que estuvo a punto de ser editado en León en el año 2000. En junio de 2007 empieza a editarlo en un blog con el mismo título y al año justo lo da por concluido. Por fin Ediciones Escalera nos lo entrega en papel este 12 de mayo.
Novela escrita en forma de diario medio apócrifo, donde un proxeneta (pero no solo proxeneta) venido a menos nos cuenta, en distintos planos temporales, los últimos días de su vida. No podía ser de otro modo, es un libro en el que sobresale el lenguaje poético, lleno de situaciones surrealistas, donde realidad, ficción y sueños se funden.


Elogio del proxenta / Luis Miguel Rabanal
Ediciones Escalera, Colección Trayectos, nº4
Madrid, 2009