31 enero 2009

Un soneto muy originalmente ilustrado

Hace tiempo que veo cómo espira y eclectiza. Me gusta..., esas vueltas que le va dando a las palabras, a la sintaxis, cómo retuerce las imágenes, cómo rompe el ritmo..., a veces es difícil seguirlo, sobre todo si se pierde por los parques.
Como os decía, no lo he perdido de vista ni un solo día. Creía que ya no se escribían sonetos, tampoco es que a mí me gusten especialmente, pero acaba de editar uno en su blog, en colaboración con Geypermana, es trabajo en equipo, trabajo bien hecho. No es un soneto totalmente clásico pero me ha sorprendido y me ha gustado tanto que dejo aquí el enlace: espirador ecléctico

29 enero 2009

Entre los bueyes

En medio del temporal hasta los bueyes hablaron
sus mugidos llegaron hasta nuestra ventana
su pequeña ventana
voló con el aire

saber oír
saber callarse
saber mirar
saber ver
saber estar ciego

el monstruo despertó en medio de los bueyes
ellos con un ojo abierto
y el otro cerrado.

27 enero 2009

37

Extendemos los dedos y las manos
y los brazos
y hasta las ventosas ojos,
qué alcanzaremos en nada,
chip de qué nombres y qué números
y qué ciudades.

Cambiemos de ritmo y de palabras
y que corra el aire.

Dicen que si llueve mañana
y la crisis
y huracanes y granizo
y que se desbordarán los ríos
y el mar
de las palabras
de los que no tienen nombre
de los sin techo
¿dices que no tienes frío?
en qué nombre, en qué ciudad
de qué estado sin ley hablas

ser extraños en estas aguas
sin reflejos.

26 enero 2009

Imagen

Bajo el agua
espero
que las nubes se vayan
diluyendo
sobre las olas

huracán pasado volverán
las hojas sobre
mis ojos donde leo
stop
las rodadas de los coches
borrarán el rastro

aún distingo tus colmillos
afilados.

25 enero 2009

Los tesoros del Torreón (y III)

Cuento inédito de Pepe Pereza

Efectivamente, aquella tarde ni José ni Jesús se presentaron a la cita. A pesar de que ya estaba prevenido no pude evitar sentirme traicionado. La rabia, el enfado, la traición, todo me lo tragué con resignación mientras caminaba hacia El Torreón. Al no venir Jesús no disponía de la azada y tuve que cavar con mis propias manos. Yo también las tenía llenas de ampollas y callosidades pero nunca se me ocurrió quejarme por ello. Para animarme pensé en el tesoro y en todo lo que podría comprar con él: caballos, juguetes, bicicletas, todas las chucherías del mundo... Me imaginé la escena, yo llegando al barrio con los bolsillos llenos de monedas de oro, y José y Jesús con sus bocas abiertas al verme llegar, arrepentidos de no haber seguido a mi lado. Y yo repartiendo las monedas entre los chavales, y ellos con cara de envidiosos sin recibir ninguna. Solo por eso merecía la pena seguir cavando con las manos. Entonces noté algo entre los dedos. Era pegajoso y desprendía un olor bastante desagradable. Era mierda. Había cogido un zurullo sin darme cuenta. Tras un par de arcadas, irremediablemente vomité. Volví a vomitar cuando intenté limpiarme con hierba y tierra. Y una vez más de camino a casa, cuando se me ocurrió olerme entre los dedos. Cuando llegué al barrio vi que los chavales habían formado dos equipos y estaban jugando al fútbol. José protegía una portería (las porterías se señalaban dejando los jerséis y las cazadoras en dos montones separados por unos metros que hacían las veces de postes) y Jesús ejercía de delantero en el equipo rival. El partido se jugaba delante de mi casa, que era un terreno llano, y con, más o menos, césped.
- Pepe, únete al partido -me gritó José al verme.
Jesús dejó de correr detrás de la pelota y se me quedó mirando. Entré en casa sin decir nada. Lo primero que hice fue lavarme concienzudamente las manos. Me las enjaboné una y otra vez hasta que el olor a excremento desapareció. Oí a mi madre y a mi hermana en el casillo, dando de comer a los cerdos. Me preparé un bocadillo de chorizo y salí al jardín. Me senté en las escaleras y mientras merendaba observé el desarrollo del partido de fútbol. Era evidente que se lo estaban pasando bomba y sentí un amago de envidia por no estar jugando con ellos. Cualquier otro día me habría acercado y le hubiera ofrecido mis servicios a cualquiera de los dos equipos, pero aquel día mi orgullo me lo impedía. Aún me sentía traicionado por mis amigos. Por otro lado, al no haber encontrado el tesoro también arrastraba un sentimiento de derrota. Con lo cual solo me quedaba el orgullo e hice acopio de él. De reojo observé que tanto José como Jesús estaban más pendientes de mí que de la pelota. Como consecuencia los pases que le hacían a Jesús pasaban de largo y los tiros a la portería que defendía José casi siempre eran gol. En un momento dado, Jesús dejó el partido y vino a sentarse junto a mí en las escaleras.
- ¿Has encontrado algo?
Negué con un gesto de cabeza ya que tenía la boca llena de pan y chorizo.
- Seguro que mañana tendremos más suerte.
- Seguro -dije después de tragar.
Permanecimos en silencio mientras yo acababa con el bocadillo.
- ¿Te apuntas al partido? En mi equipo necesitamos otro delantero.
- Vale...
Nos integramos en el grupo.
- Pepe juega con nosotros -anunció Jesús al resto.
-¿Quién gana? -Le pregunté para meterme en situación...
Después de aquel día, tal y como yo intuía, no volvimos a por el tesoro. Es más, desde ese día, cuando oigo la palabra tesoro siempre viene acompañada de un tufillo a excremento.


24 enero 2009

...

Llegó un otoño muy frío, nadie recordaba las placas de hielo ni la nieve amontonada. A los habitantes de aquel lugar les pareció que los niños ya habían crecido y les pusieron puntos suspensivos para que fueran contando su historia.
Fuera del bosque los niños no saben continuar el cuento de su vida, los han echado del bosque demasiado pronto, no entienden por qué hay voces que los nombran con palabras cuyo significado desconocen, forasteros, cobardes, dañinos. Del bosque recuerdan la música sonando entre las hojas.
Algunos miraron los puntos y pensando que eran piedras para vadear el río, saltaron sobre ellos para no caerse y mientras saltaban aprendieron el lenguaje del vacío. Fuera de su mundo nadie entiende que el vacío no puede llenarse, que si colocan un tronco para ir de una piedra a otra o de un punto a otro, el vacío sigue existiendo bajo el tronco y además ahora tienen un obstáculo añadido, ya no ven los puntos para saltar.
Lejos del bosque los niños están ciegos, nadie lo entiende.
Cada uno cuenta de ellos una historia distinta y todas las historias son dudosas.
Soy una extranjera sin historia, pero nadie quiere creerme. Cuando se lo digo a la niña autista me sonríe y nunca sé si ella me cree, la verdad...


Esta es la segunda parte; la primera, escrita por Malvada Bruja del Norte, aparece en deja-vu.

23 enero 2009

Los tesoros del Torreón (II)

Cuento inédito de Pepe Pereza

En esos tiempos era fácil dejarse llevar por la imaginación, sumamente fácil. Al día siguiente regresamos y seguimos cavando. Esta vez avanzamos de veras, ya que Jesús le había cogido prestada a su madre una azada. A pesar de no sacar otra cosa que basura, nosotros seguíamos entusiasmados con la idea de encontrar un tesoro, y nos íbamos turnando para seguir cavando con la azada. Al cabo de unas horas estábamos rendidos y el sudor y la roña se mezclaban en nuestra ropa.
- Por hoy ya es suficiente -dijo Jesús mirándose las palmas de las manos.
Me molestó que Jesús tuviese la osadía de dar por acabada la sesión. Hasta aquel momento había sido yo el que tomaba ese tipo de decisiones. No dije nada, dado que la azada era suya y gracias a ella habíamos progresado el doble que en los días anteriores.
- Creo que me están saliendo callos de tanto cavar.
- Sí, yo también estoy cansado y tengo hambre. Mejor nos vamos a merendar -sugirió José.
- Por mí vale -dije intentando ocultar mi enfado.
- ¿Cuánto más tendremos que cavar para encontrar el tesoro?
- No lo sé, José. Pero te aseguro que lo encontraremos -dije mostrando seguridad, aunque realmente empezaba a mostrar algunas dudas al respecto.
Al día siguiente, José no acudió a nuestra cita y Jesús y yo decidimos ir a buscarlo a su casa. Cuando llegamos, Jesús escondió la azada detrás de unos rosales del jardín y después llamamos a la puerta. Salió la madre.
- José está castigado -dijo con aquel tono de voz tan caraterístico y desagradable.
- ¿Podemos hablar un momento con él? -le pregunté sin mirarla a los ojos.
Se lo pensó brevemente y sin decir nada entró de nuevo en la casa dejando la puerta medio abierta. Al rato salió José.
- Lo siento chicos pero estoy castigado y no me dejan salir.
- ¿Qué has hecho?
- Es por cómo traje la ropa ayer. Me habían advertido de que si me volvía a ensuciar me castigarían y eso han hecho.
- No te preocupes, si encontramos el tesoro te daremos tu parte -dije, sin consultarlo con Jesús, como reprimenda por lo del día anterior.
A Jesús no pareció importarle y apoyó mi decisión.
- Te daremos tu parte. Estate tranquilo.
- Gracias, amigos, pero ahora tengo que dejaros o mi madre me echará la bronca.
Recogimos la azada y nos fuimos directos al Torreón. Cuando llegamos vimos asombrados que alguien había llenado nuestro agujero con basura. Fue bastante deprimente saber que todo nuestro trabajo no había servido para nada. Teníamos que empezar de cero. Y lo hicimos. Sacar la basura del agujero nos costó toda la tarde. Yo notaba que Jesús empezaba a hartarse de tanto trabajo y que las dudas también hacían mella en su entusiasmo. Traté de animarle hablando de todo lo que podríamos hacer con el oro y las joyas que seguro encontraríamos. Pero él en ningún momento entró al trapo, simplemente se limitó a asentir con la cabeza. Cuando dimos por concluida la tarea me dijo:
- Los chavales del barrio han organizado un partido de fútbol para mañana.
- ¿Y el tesoro?
- Nos merecemos un descanso... Nos vendrá bien.
Yo intuía que si al día siguiente nos quedábamos jugando al fútbol seguramente nunca más volveríamos a por el tesoro Y no estaba dispuesto a rendirme..
- El tesoro es más importante que jugar al fútbol.
- Tengo las manos llenas de ampollas y...
- ¿Y qué?
- Y... quizá no haya ningún tesoro.
- Lo hay. Estoy seguro.
- Entonces ¿por qué no hay más gente buscándolo?
No supe qué contestar, así que desvié la conversación por otro derrotero.
- Si tú quieres rendirte, hazlo. Yo seguiré buscando y cuando lo encuentre me lo quedaré para mí.
De regreso al barrio apenas nos dirigimos la palabra y tuve la certeza de que al día siguiente iría yo solo al Torreón.

(Continuará)

22 enero 2009

Los tesoros del Torreón


Cuento inédito de PEPE PEREZA

No recuerdo cómo nos llegó el bulo de que en El Torreón había enterrados tesoros de la antigüedad. De inmediato, José, Jesús y yo nos pusimos a hacer planes para desenterrarlos. La imaginación de los niños ya se sabe que es desmedida y nosotros ya nos veíamos desenterrando espadas milenarias y cofres llenos de joyas y oro. He de decir que El Torreón en realidad no es más que el ábside de una iglesia de estilo ojival medio caída. Fue una edificación de granito y mortero de cal, con gruesas paredes reforzadas con contrafuertes y un arco de media punta. Aunque no tiene ningún valor histórico, las ruinas forman parte de la identidad del pueblo, tanta que hasta figura en su escudo... Llegamos al Torreón y entramos. Olía a excrementos y basura. Estaba claro que alguien lo estaba utilizando de basurero y más de uno se había aliviado de un apretón de tripas ocultándose entre los muros. Como no teníamos herramientas para llevar a cabo nuestro propósito, nos hicimos con unos palos y ayudándonos con ellos despejamos y limpiamos una pequeña zona junto al muro. Ya que teníamos que excavar con nuestras propias manos preferíamos no encontrarnos con un zurullo medio seco o alguna otra sorpresa desagradable. Limpiar aquella zona nos llevó más de dos horas. Estábamos cansados y sucios. Decidimos seguir con la tarea al día siguiente. De regreso nos pusimos a soñar.
- Cuando encontremos el tesoro me voy a comprar una bicicleta que tenga de todo -dijo José.
- Yo también quiero una. De color rojo brillante -añadió Jesús.
Hasta ese momento no me había planteado qué hacer con mi parte del tesoro. Las propuestas de mis amigos no estaban mal, y me animaron a darle a la imaginación. ¿Qué era lo que yo más deseaba?
- Prefiero un caballo. Uno de verdad -declaré rotundamente.
Al día siguiente, regresamos y nos pusimos manos a la obra. Aunque habíamos limpiado el terreno, en cuanto excavábamos un poco dábamos con más basura enterrada tiempo atrás. Apenas habíamos cavado medio metro cuando decidimos dejarlo por ese día. Cavar era un trabajo duro y más por utilizar solo las manos y unos míseros palos.
- ¿Os imagináis cuando tengamos nuestros caballos?
El día anterior, yo había convencido a mis amigos de que un caballo era mil veces mejor que una bicicleta.
- Yo pienso ir montado en él a la escuela -dijo Jesús.
- ¿Tú crees que nos dejarán? -preguntó José con cara de preocupación.
- Claro que sí. Los dejamos atados a la puerta como hacen en las películas del oeste. ¿Qué hay de malo en eso? -dije para tranquilizarlo.
- Y si nos dicen algo compramos el colegio y a ver quién se atreve a impedírnoslo -añadió desafiante Jesús.
- Eso sería estupendo -dije apoyando la idea de mi amigo.
- Nosotros los dueños del colegio, ¿os lo podéis imaginar?

Continuará

20 enero 2009

Sobre la nieve

He tenido que atravesar el mar del ayer y apenas si puedo llegar entera a esta orilla de la vida. Cristales, piedras, agujas, areniscas, trozos de nosotros muertos. Los ojos soñando con aviones. No vuelvas a abrir esas puertas, me dice ella dando un portazo atroz que me ha dejado sorda. Sorda y ciega, no quiero mirar donde tanto vi.
Tú, rescatado, muerto pero rescatado.
El hombre se quitó el sombrero de fieltro beis para despedirse, ningún jardín sobrevive sobre la nieve, me dijo. Fue el único héroe solitario que conocí, el único héroe solitario que he amado por sus palabras.
Desde entonces ninguna felicidad perdura en esta tierra de lluvia oblicua.

19 enero 2009

De la espesura

Balbucea, balbucea
como los niños, si no no
vale, no vale
el balbuceo
del miedo ni el temblor
de la risa

es la palabra que nace

bajo la luz
de los Arcos el hombre loco
la sabe
baila en sus brazos

fui de tu voz
(pregunta el hombre loco).

16 enero 2009

La Cámara de Niebla / Alfonso Xen Rabanal

Llevo tiempo esperando poder leer en hoja impresa los poemas y las crónicas que con puntualidad diaria he ido leyendo todos los días en el blog de Alfonso Xen Rabanal y al fin ha llegado el libro. No es una copia literal del blog pero sí mantiene ese espíritu de transgresión, de calibrador de conciencias, de ojo que mira y vive inmerso en su tiempo. Sin embargo, trasciende el aquí y el ahora y hace de su niebla una niebla universal. Si entras en La Cámara de Niebla y te dejas llevar por las palabras irás desde la poesía de sus blues, desgarrados y desgarradores, hasta las reflexiones más sociológicas, su voz te irá llevando por las imágenes de su vida, los fragmentos, que comienza con un Blues y acaba con el regreso a la niebla.


...B (tres puntos Blues)

... a cada paso, como una procesión a la inversa, escondo más mi dolor... En cada estación a la que llego andando, busco un banco aislado para ver pasar los trenes... las luces sin rostros y luego el vacío que decoro con el humo de otro cigarro...

... al anochecer, cuando trabajaba en el puerto, contaba las dunas de fango en el reflujo de la mar... los aleteos de los peces confiados, la garra que se esconde, los cebos perdidos...

... al amanecer, cuando curraba en la mina, llevaba ya varias horas extraviado entre esa niebla espesa, soñando con tropezar con esa tumba donde se perdió mi sangre mezclada con otras treinta y dos sangres del valle... Y contaba los chasquidos de las mandíbulas, los gritos ahogados y los silencios... Todos los silencios...

... ante un papel en blanco dibujo tres espirales que se suspenden en mi vacío...
a ellas me aferro como a la barra del bar...


Porque la última es este paso que doy del que quiero desgajarme...

la primera es la huida de ti, mujer fría...

y, por el medio... siempre la niebla...

donde mi dolor se esconde...

...he roto el espejo de tristeza donde calibrabas tu alegría... en poco tiempo he aprendido a disimular mis lágrimas entre el esperma abandonado en callejones oscuros... allí por donde nunca pasas... aunque sé que piensas que mi palabra se ha perdido, que necesito sufrir para avanzar sobre el papel, que para mí no se ha hecho la vida, lo que tú entiendes por vida, pues no sé venderme... te recomiendo que hagas una de esas excursiones pagadas y guiadas por barras que nunca soñaste, donde una luz mortecina no disimula los surcos labrados por las lágrimas que se beben y se derraman, que saben a estaciones a puertos de mar y de montaña a tumbas donde se tropieza a polvo que se arrastra por la barra y que el jefe recoge en una botella con un embudo... para que vuelvas a beber de tus lágrimas...

Sé que ya no te alegro la vida al verme doblar... pero es que me estoy volviendo avaricioso con el dolor, mi dolor... así que vidéate las miles de procesiones grabadas y sé una más de esas que se excitan con el dolor ajeno en una ficción... y que apartan la vista ante el dolor real que procesiona todos los días entre las alcantarillas...

Por fin he conseguido romper el espejo de tristeza...
para ello he tenido que partirme la cara...

ya soy uno por fuera y por dentro...

un alma hecha jirones perdida por el camino...

una cara fragmentada en donde una de sus grietas, sí, esboza una sonrisa...

Nunca saqué fotografías

de nada

pues allí donde he ido

todo lo he mirado desde dentro...

Siempre he sabido que lo que se olvida

con forma ese fango al que te has de aferrar

cuando la resaca te arrastre...

Por ello no te olvido

aun surtido de resacas

perdido entre la Niebla

rebozado de ese fango

que no me olvida...

... tres puntos hacen camino en el vacío donde canto...

A través del espejo (pop up)

De La cámara de niebla/Alfonso Xen Rabanal
Editorial Eclipsados

15 enero 2009

Gracias por los tesoros infantiles

No puedes dialogar con mi silencio aunque escribas sobre él y la tinta haga surcos como la cuchilla de un patín sobre la pista de hielo. Tampoco podrás describir todas las miserias humanas si no empiezas por las tuyas. Mis garabatos de hoy empezaron por no ser míos. Tendría que recoger la risa y dejarla aquí entre algunas hojas de elogio y las palabras de los tesoros infantiles. Nunca se me había ocurrido pensar en los tesoros ocultos de algún torreón, porque mi infancia tiene alguna torre pero ruinas de torreones, no. Y mi amigo me ha regalado la risa de su caballo, y la decepción de los tesoros infantiles. Si pudiera hacer que la carcajada estallara sobre esta pantalla cuando vi el caballo atado delante de la escuela. No sabías entonces que tenías el mayor tesoro, el de las palabras.
¿y qué hará ahora el pirata de mis sueños? Estoy por quitarle el parche, aún no sé si lleva pata de palo pero seguro que luce un garfio en su mano. Al menos no nos pirateará el caballo.

Escrito después de leer Los tesoros del torreón de Pepe Pereza.


13 enero 2009

Poema del intérprete

Me haré la muerta
descansaré temporalmente

aparta el espejo
la imagen que deseas
no la verás
no serás mi doble
aunque me recojas furibunda

ese olor de azufre
hunde la nariz en mi melena

martes
sobre la yugular

dejo dos besos uno
para ti y otro
para él

me haré muerta
mis ojos
mirando a ninguna parte

no necesitas preguntarme
quién soy
no tendrás que buscarte
en mi voz

cualquier noche
sobre cualquier yugular.

12 enero 2009

Antes de porque me
retrocede el espacio
abajo
en círculos concéntricos

en fuga
no musical
antes del silencio

mira tío qué vidilla

ella mirando el cielo
y la velocidad
al lado de la carretera
mirando
los que pasan
los que se cruzan
con su mirada en fuga
no de Bach

y mientras el miratío quévidilla allí
blablabla y más
bla bla bla
ella tararea con Lou Red
y la fuga se realiza
bajo el cielo
sin coches y peatones que se cruzan
justo en el centro
del círculo concéntrico

aguanto la respiración
detengo la imagen
rebobino
porque me
...

pañuelos blancos

10 enero 2009

Falenas

Escribe para mí, escríbeme. Y yo te escribí una canción mientras escuchaba Berlín. Y también me callé para ti, porque el lugar del otro es un lugar vacío, a veces inhóspito y difícil de habitar. Dejé mis palabras y ellos llegaron y las recogieron. La música justo se paró en el for you. Si me habitas desaparezco, si me habitas viviré en ti, era un mar lleno de muertos y en ninguno me reconocí. No hubo respuesta para tantas preguntas.
Las gaviotas sobrevuelan el mar, los peces aún están vivos cuando las vemos alejarse.
Un nombre desconocido, una inmensa arcada planeando sobre mi voz.
Falenas mudando de árbol.

09 enero 2009

IV

Ojos ajenos

pasarán leves

tus otras manos
tus otros pies

bordes sin espinos.

08 enero 2009

Tres cabezas

Allí estaban mirando las tres cabezas con sus sombreros negros y sus dos coletas, una a cada lado de la cara. Nunca les vi los ojos, nunca pude creer a quien me habla sin mirar mis ojos, así que no les creí, ninguno de los tres me miraba. Los seis ojos de las tres caras miraban cómo se eleva el humo. Oh, cómo arde el mundo cuando el amo lo manda, y el amo manda. Allí los tres, jóvenes, mirando de espaldas, hermosos hombros, hermosas cabeza, seguro que hasta hermosas pestañas. ¡Y una hostia! gritó ella entonces, y con la palma de su mano me cubrió los ojos. No vi más al monstruo de las tres cabezas.
Me nació otra oreja. Mírame. Por esta nunca escucho el ruido del mundo, ni oigo elevarse el humo de la hoguera que miran los tres hombres de traje negro.
¿Qué oscura melodía oiré sin ti?

07 enero 2009

Aristas

Canta el silencio y te alcanzo mis uñas mientras tú remueves viejas cenizas.
Observa todos los objetos hasta imaginar los lados que no se ven.

Caótica palabra
la que callas
desdibujada
en el lado más oscuro.

Palabras árbol para trepar.

Mañana, dentro de ti, encontraré los cortes
y no podré darles un nombre exacto,
un nombre exacto a cada arista,

piedracristal latiendo a veces entre las costillas, como si el corazón del mundo hubiera desaparecido, y la luz,
oculta en lo más profundo de la cueva,
esperando que el hombre nuevo la descubra.

Hoy, luz de días de barro.

06 enero 2009

I

Tantanes bajo la lluvia
los caballos nerviosos
y la tormenta
entrando en el pueblo
cerca del mar

cerca

cercándome

mar



II

Luces trampa
artificios de fuegos
pim pam pum

tengo pupa
tiras de piel

en ti el color

alba.

04 enero 2009

Contra las piedras

Dicen que la espera no será larga, me he acurrucado del frío lejos de ti. Recojo mis botas de agua, he de badear el richuelo que corre por el subterráneo, la última vez que lo atravesé las piedras saltaron a mis bolsillos y estuve a un tris de no salir. Un héroe solitario me habló de la mujer en las aguas azules de Chagall, pero no sabía que miles de Madoff se estaban bebiendo todo el agua del mar. El héroe era de mentira, y sabía mentir, tiré las piedras.
Camino lejos de casa, dentro de otra casa leo el vacío y descifro: no me quedan nuncas.
A mí no me quedan muñecas, ni caballos, ni dragones, solo espíritus solitarios.

Han cerrado las puertas. Todas las cajas de música están llorando a estas horas, si miro hacia el sur, abajo abajo los veo al otro lado del mar.

Los niños tirando piedras.



03 enero 2009

Cautivos

Vuelve la náusea. La saco a pasear encerrada en mi mano y, engañada, la dejo sentada sola en un banco del parque, para volver y desaparecer yo sola aquí, y ella abandonada allí mientras le voy buscando nombres y colores al mundo.
Mientras tú, anclado a la piel de mis aguas, respiras lento las horas, en algún lugar del mundo caen y caen ellos y de lejos miramos.
Sus primeras palabras sobre el conflicto han decepcionado. Oh no ama a los vencidos. Teníamos puestas en ti tantas esperanzas para el mundo que cae y cae. Tantas esperanzas tenían puestas en ti. Oh ámalos.

Seguiremos cautivos.

02 enero 2009

Cuerpo contra cuerpo

Me pregunto cómo con las pocas letras que tiene nuestro abecedario podemos expresar todo cuanto sentimos, pensamos, o vivimos. Cómo con tan poco podemos decir esto es el mundo, esto está sucediendo aquí, los muros se mantienen fuertes alrededor de los cuerpos, cuerpo contra cuerpo siempre hay uno que perece, el gato se ha escapado y el niño llora, y este es el ruido de los que huyen pisando el dolor de la sangre.
Alguien se acerca a la música, acerca notas, claves, compases, para completar el duelo, y la alegría, ritmo acompasado al mundo.


01 enero 2009

1 de enero

Refugio
de mi hijo lo alimenté
con risas qué feliz
eran los días de
entonces qué feliz
era qué
feliz
oh dios
qué felices
éramos entonces
qué
felices

la luna
llena la luna
entera
para él
aquella noche
qué grande la luna
como una O
una O silvando
su luna.