29.8.10

Lola Crespo y su Gramática Malva

Así que, me busqué un espejo grande, me aprendí el precioso texto que cierra la G. Malva, me vendé los ojos y... allí fuimos.
En primer lugar le comenté al público lo que conozco de tus iniciales, esto es, tu voz escrita de la ciudad sin nombre, de tu otro blog y de las afinidades electivas. Como estás lejos y los aplausos no te iban a llegar, repartí abanicos de color malva -muy baratitos, de los "chinos"- para el público y pedí que, al final, si lo consideraban oportuno, te dedicaran a ti, que eras la autora, ese aire, como caricia sutil.

Dicho lo cual, trato de resumir, aunque no quiero escatimar detalles:

Escenario:
Lola con ojos vendados por la cinta malva. Destrás de ella, el espejo apaisado, sostenido a la altura del medio cuerpo por dos amigos poetas que -además, pobres míos- llevan mi poemario en la mano que les queda libre. Y comienzo mirando al público, que a su vez, se ve reflejado en la parte del espejo que yo no tapo con mi cuerpo.
Comienzo tu texto:

Un mundo paralelo a mi mundo. [Siempre pausas grandes pero no excesivas en los puntos]. Un punto, doble. Bang. Un paralelo se desvía. Hacia dónde [Me inclino para pasar bajo el espejo, que se adelanta sobre mí. Quedo tras él. El público se ve ahora reflejado totalmente]. La última alambrada que me pare[me agarro al espejo con las manos, a la altura de la cintura].
Ellos hablan [mis amigos poetas, que siguen sosteniendo el espejo, abren al azar mi libro y comienzan a leer fragmentos, de forma aleatoria]. Y hablan [pausa para que se oigan sus voces]. Cruzan palabras. Ping [giro la cabeza hacia uno y hacia el otro] Pong.
Yo solo soy ese pequeño punto [van callando los poetas hasta retomar yo sola el discurso] de ojos cerrados. Nada que ver. Nada [Me toco la venda] Oscuridad que ilumina [Me aparto la venda, que queda como felpa]. Piedras. Piedras contra él. Y contra él. Arterias de silencio. Venas de agua [me acaricio una lágrima que para ese momento ya ha brotado]. Y un pozo. Y un claxon. Aquí dentro [puño al pecho]. Y ese barniz afuera [Vuelvo a agacharme y me antepongo de nuevo al espejo, esta vez mirándolo; los dos poetas lo han subido a la altura de mis ojos. Estoy de cara al público]. El brillo del animal mate. Cuántos filósofos [Voy pasando el dedo, como quien no alcanza, sobre personas que se reflejan en el espejo]. Metalingüistas. Cartesianos [Me giro de nuevo hacia el público, detrás sigue el espejo]. Alguno me tildará y me dejará exactamente en el punto y final. Huyo de ellos, de tanta grandilocuencia. huyendo. Que es si no el silencio. Hacia dentro el hueco del dolor. del paralelo roto. Sin voz. Otra ella hacia fuera [Empujo el espejo con la espalda, los poetas hacen fuerza.] empujada por la misma alambrada. En paralelo a su voz. Ver cómo van cayendo las letras. Descomponiendose el color del prisma.
Y el mundo en el prisma [saco un abanico de la cintura y te dedico, en silencio, un soplo de aire].


Y... parece que gustó... porque se menearon las hojas de todas las plantas del patio y la gente se puso de pie a abanicarse, querida "Eme Jota". Fue muy emocionante para mí. Por mí, por ti, por sabe Dios qué...
Pero como el aire es así, libre, no sé si te lo llegó a contar ...
......

Nota:
Esta entrada es parte de un email que me envió Lola Crespo, a quien doy doblemente las gracias, por el texto en sí y por permitirme reproducirlo aquí. 
Lola ha añadido las explicaciones que van entre corchetes, y con ello le ha dado un nuevo aire a mi escrito, que ahora tiene una segunda lectura muy singular y más completa. El texto original, 'Opciones',  podéis leerlo en su blog  y en Tiempos
Un poema suyo, editado en la ciudad, aquí.

11.8.10

Gramática malva /Lola Crespo Rodríguez


CORTESÍA DE LA CASA

Un cortesano es un hombre
que pertenece a la corte.
Una cortesana es una mujer
de costumbres libres.

Y si a esta mujer cortesana
la vistes con la palabra  "dama",
el diccionario de la RAE
como un guante en la cara
te la devuelve desnuda
en su primera acepción
como "ramera de calidad".

Me interesa andar por las ramas
y me enseña La Academia,
mayúscula y femenina,
que se trata de una mujer
cuyo oficio
es la relación
carnal
con hombres.

Estoy como Mafalda,
con el pelo alborotado delante del mundo
tomando sopa doble,
y entre cuchara y cuchara
se me ocurre pensar
que los hombres de la corte
-tal vez- se sienten solos,
que puede que les dé corte
a los hombres de la corte
pedirle a la naturaleza lo natural
y que a lo mejor,
(qué sé yo)
diseñaron ellos la cortesía y sus colores.

Y, a punto de terminar el plato,
me entran unas ganas e-n-o-r-m-e-s
de volver a aprender a hablar
         con la lengua
         con los ojos
         con las manos
         con el sexo

en femenino y en plural.


Recién salido de la imprenta Gramática malva, libro de poemas, de Lola Crespo, tenéis más información en su blog madeja de palabras

5.8.10

Elogio del proxeneta / Luis Miguel Rabanal

12 de agosto

Para variar, me siento casi bien. Es decir, he dormido buena parte de la noche, sin dolor y sin lástimas, he cantado en sueños con vocablos increíbles y por la mañana he dado un dilatadísimo paseo de unos, aproximadamente, cuarenta largos metros. Aquiles me fio a regañadientes un libro de Borges y con una témpera escarlata estreno la pintura de mi cuarto escribiendo en los cantones la excelencia que sigue:

... soy un hombre de ciudad, de barrio, de calle:
los tranvías lejanos me ayudan la tristeza
con esa queja larga que sueltan en las tardes...

Hay días que dejarlos así es lo más aconsejable, tan a sus anchas en completo silencio, sin añadir nada a ese sortilegio suyo que nos conmueve; dejarlos así porque si no, podríamos de repente equivocarnos y ya está uno harto de los errores ajenos y no digamos de los propios; dejarlos reposar hasta agriarse... Este Borges sabe detrás de lo que anda, el insensato. ¿La concha de su madre? ¿La de la mina Kodama? Por qué no haberle abordado e interrogado en el paraninfo de la Universidad de B. ¿El párpado caído...?

Elogio del proxeneta
Luis Miguel Rabanal
Ediciones Escalera, 2009