Tengo el título, tengo hasta el dolor redoblado, y las agujas que no quise ver tiradas al vacío contencioso donde los médicos lo tiran todo, lo tengo todo menos el movimiento alámbrico de los pájaros de mi cabeza.
Lo he leído todo, absolutamente todo, y me ha sorprendido un dadá parado, ¿o será un parado dadá? Que se manifieste, manifiéstese usted, me apetecía escribir mientras buscaba algo más, no sé, un cualquier cosa. Y la música va y viene, llega y los rings que quieren saber del rotulante dolor. Mire, me voy a rotular, subí veloz, como si fuera alada, y bajé atrozmente rotulada y cabizbaja.
Hubiera deseado un día cualquiera, de esos de cualquier día, pero que no, oye, que no. Un día de esos de errar con los relojes, de ver cómo un caballo muerto desciende río abajo, o aparece y desaparece mientras tú lo miras y la camarera que ni caso. Si ella supiera que un día alguien va a buscarla para encontrar en ella tu mirada, tampoco sabe que yo la he visto en ti, y que le decía, oye, aquí, aquí.
Y mientras escribo esto me llega un comentario conmovedor, todos los dolores tienen un origen psíquico. Ay, primero me maltrato, me golpeo contra todo, me empeño en salir atravesando las paredes en vez de atravesar el vacío de las puertas, luego me doy con el canto de la puerta en pleno rostro, y cuando ha llegado el dolor de las agujas he querido vampirizarme a mí misma.
Si hay cielo está en vuestra mirada.
Kalimera, escribió ella, y saboreé todas las letras del alfabeto que escribía sin esfuerzo las tardes de lluvia en aquel colegio de niñas, solo niñas, que nos liábamos con el verbo lío.
Kalispera.
kalimera, buenos días.
kalispera, buenas tardes.
Lo he leído todo, absolutamente todo, y me ha sorprendido un dadá parado, ¿o será un parado dadá? Que se manifieste, manifiéstese usted, me apetecía escribir mientras buscaba algo más, no sé, un cualquier cosa. Y la música va y viene, llega y los rings que quieren saber del rotulante dolor. Mire, me voy a rotular, subí veloz, como si fuera alada, y bajé atrozmente rotulada y cabizbaja.
Hubiera deseado un día cualquiera, de esos de cualquier día, pero que no, oye, que no. Un día de esos de errar con los relojes, de ver cómo un caballo muerto desciende río abajo, o aparece y desaparece mientras tú lo miras y la camarera que ni caso. Si ella supiera que un día alguien va a buscarla para encontrar en ella tu mirada, tampoco sabe que yo la he visto en ti, y que le decía, oye, aquí, aquí.
Y mientras escribo esto me llega un comentario conmovedor, todos los dolores tienen un origen psíquico. Ay, primero me maltrato, me golpeo contra todo, me empeño en salir atravesando las paredes en vez de atravesar el vacío de las puertas, luego me doy con el canto de la puerta en pleno rostro, y cuando ha llegado el dolor de las agujas he querido vampirizarme a mí misma.
Si hay cielo está en vuestra mirada.
Kalimera, escribió ella, y saboreé todas las letras del alfabeto que escribía sin esfuerzo las tardes de lluvia en aquel colegio de niñas, solo niñas, que nos liábamos con el verbo lío.
Kalispera.
kalimera, buenos días.
kalispera, buenas tardes.
