Constantinopla
Cuando llegues a Constantinopla acuérdate de mí
que leo los libros al revés
de la última a la primera página
ansiosamente
recuérdame
recuerda
que la literatura ha dormido en mí muchos sueños
para que nacieran otros
y fugitiva camino a tu lado
cuando estés en Constantinopla
cierra definitivamente todos los libros que leí.
Palabras baldías
Cuando vivía en la tribu qué fácil
conseguir el agua que saciara mi sed
pero ahora
anacoreta en medio del desierto
sin agua
recorro kilómetros y kilómetros
de pensamientos baldíos
para encontrar
una sola palabra
una única palabra
que sacie mi sed.
Tatuaje
Me tatuaré el corazón
con tu nombre
y la palabra vida
y si llegan los bárbaros del norte
y me lo arrancan
ya no encontrarán nada
más que a ti
en mí
cuando el pájaro
que se alimenta de corazones
inicie su vuelo
bajo
bajo
no encontrará a una joven
vestida de blanco
encontrará el tiempo de briznas de aire
que he respirado de continuo
y con dificultad a veces
y bajo la túnica
acompañando
sólo compases de silencio
siempre.
Passp@rt
Algún día seré una supernova star
un faro cósmico
me raparé el pelo
y seré como tú
energía oscura
hacia el futuro.
MJ Romero
Del libro inédito "La mirada de los bárbaros".
La primera voz fue el llanto. Dicen que se trata de O (oxígeno) y de pulmones. Con eso llegué a este lado de la vida. De ese llanto recién oxigenado a la palabra hay una delgada línea que traspasé algún día. No recuerdo cuándo. Tampoco recuerdo cuándo exactamente comencé a contarme cuentos, a imaginarme historias, a elegirlas o dejarlas por un motivo u otro.
Sé que tropecé varias veces con las palabras. Ellas y yo chocamos en algún momento y me hicieron añicos y me proporcionaron el bálsamo en sí mismas. Intenté desentrañarlas, silabearlas, desilabearlas, prefijarlas, sufijarlas. Jugué con ellas. Me harté de ellas. Soñé y dormí en ellas. Me llevaron lejos, de mi mundo a otros mundos. Me hundieron y me rescataron. Las mezclé con las de otras voces. Cuando amé las convertí en corazón y cerebro y sexo y cuerpo oscuro, y también luz. Cuando quiero escribirlas son ellas las que me escriben y me describen.
Sí, las palabras y yo mantenemos una larga y extraña relación a través del tiempo.
¿De qué vale escribir ahora algunas aquí para decir mi nombre, o mi lugar de origen, o de residencia, o avatares de mi pasado o presente, que son la misma cosa? Soy cuanto escribo, el disfraz que me dan las palabras y las máscaras que me quitan. Todas las MJ que cada palabra oculta o revela soy yo.
Este pequeño y múltiple yo, al que algunos llaman MJ y otros, Alfaro, tiene su propio mundo de palabras aquí.