29.4.09

Variación de Tiempos / Fusa

Primer tiempo:
Él hace que me cree. Sabe que lo que le estoy contando es un cuento un poco raro. Intuye que hay partes de verdad y partes de mentira, pero hace como que se las cree todas. Me mira y dice: ahá, ahá. Y cuando acabo, mira el techo, porque estamos en la cama, y dice: cuéntame más. Y ambos fingimos que hablo de mí.

Segundo tiempo:
Hablo y no dejo de equivocarme al hablar. Hablo y hablo, rápido, a veces no se me entiende, y con esta voz un poco aguda, hablo y me tropiezo con el aire, me levanto, intento ir lento, pero no me sale, titubeo.

Tercer tiempo:
Dice que cuando estoy callada me mira y se dice: está creando un mundo. Que por eso no me interrumpe. Lo que no sabe es que cuando callo estoy sufriendo, pensando cómo sería mi vida sin él.


Gracias Fusa. Esto acaba de dejármelo Fusa a modo de comentario en Tiempos.


22.4.09

El pez árbol / turcios

Turcios escribió :
Óscar, el campesino, aró la tierra y sembró un gran pez.
A los pocos días brotó un curioso árbol.
En unas semanas, Óscar ya tenía, servidos en su mesa, frutos del mar.

Yo escribí:
En el mar de Turcios descubrí el pez árbol. ¿Lo habéis visto? Hay pájaros anidando en el fondo del mar.

Alguien dijo:
Tan necesario es comer como soñar.

Inmensamente agradecida por este pez árbol, del libro Turciosanimal.

2.4.09

Asperezas, blog de Pepe Pereza

Debía admitirlo. Se había perdido en aquel maldito bosque. Miró a su alrededor y solo vio una inmensa y anárquica masa vegetal que lo rodeaba. Llevaba horas andando y no tenía ni idea de dónde estaba el camino de regreso al pueblo. Aun así, no estaba asustado ni preocupado. En la mochila llevaba suficientes alimentos para pasar unos días. También llevaba su saco de dormir de alta montaña, con lo que el calor estaba garantizado por las noches, por muy frías que fueran. Además del camping gas y la tienda de campaña plegable, iba bien preparado. Sus ropas y calzado eran los adecuados para esas fechas (finales del invierno), así que no tenía por qué preocuparse. Había salido a primera hora de la mañana con el objetivo de estar solo y pasar el fin de semana alejado de todo y de todos. Pues bien, hasta ese momento lo había conseguido. Lo mejor era olvidarse de su desorientación y más adelante ya se encontraría con alguien que le podría orientar. Siguió andando, adentrándose cada vez más en la espesura del bosque. Llegó a un pequeño claro y se sentó a descansar sobre un tronco caído. Desde su partida no había comido nada, así que aprovechó y comió unas cuantas galletas y un par de barritas energéticas. Una ligera brisa trajo el olor de la hierba mojada y del musgo rancio. Miró al cielo. No faltaba mucho para que anocheciera y decidió acampar allí mismo. Montó la tienda y recogió leña para el fuego.
Sentado al amparo de la hoguera se dio cuenta de que el saberse perdido, en vez de alarmarle, le producía el efecto contrario. La sensación de no saber dónde se encontraba le daba una calma y una serenidad que no había experimentado en años. Era como si el mundo que él conocía se hubiera evaporado y solo existiese la armonía y la complejidad del bosque. Era como quedarse solo en el planeta. Nadie dependía de él y él no dependía de nadie, excepto de sí mismo. Le gustó esa sensación. Echó un pedazo de leña a la hoguera y observó las chispas que volaron en espiral hacia las estrellas.
...

Este fragmento es el inicio de la primera entrada del blog recién estrenado de Pepe Pereza, si os gustan los cuentos haced clic aquí para ir a su blog y leer la continuación.