Si cruzas el puente, quedarás sin ojos, me dice ella al oído. Da igual, ya no tengo ojos, le digo en voz aún más baja para que no me oiga. Pues te quedarás más sin ojos, hasta sin ojos futuros te quedarás, me grita al corazón, y esas lágrimas no serán nada para entonces. Muerdo el llanto que me impide ver, muerdo hasta la voz que no me sale. Pierdo las palabras que oigo y las que ya no escucho. Me hace trampas. Yo también sé hacerlas, si antes no tropiezo.
Tropiezo y me tambaleo justo en el borde mismo del puente. Ya no sé quién soy, si la que se queda en el borde justo del puente o la que se está cayendo sin ojos
y se caen las palabras
las malditas
las de ella
las de la locura
y las de él
y las tuyas
y dónde estaré yo
en qué palabra
Tropiezo y me tambaleo justo en el borde mismo del puente. Ya no sé quién soy, si la que se queda en el borde justo del puente o la que se está cayendo sin ojos
y se caen las palabras
las malditas
las de ella
las de la locura
y las de él
y las tuyas
y dónde estaré yo
en qué palabra