Hoy todo está detenido. Al venir para casa un sol ya débil me ha cerrado los ojos y no he podido mirar de frente. Conmigo de la mano viene un niño, que es todo preguntas, este camino dónde acaba, y ese dónde acaba, y ese dónde acaba, hasta que al fin le digo: los caminos no se acaban nunca porque tú vas por ellos. Y se ha callado, de momento no más preguntas.
Ahora, la casa en silencio. Unos duermen la siesta y otros se han ido a la playa y otros están a punto de llegar. Cuando lleguen desapareceré en ellos si puedo o me mantendré a distancia, una distancia prudencial, no transgresora socialmente, de tú a tú pero con aire de por medio. Necesito que nadie ajeno a mí traspase mi espacio vital, no es una manía, es una necesidad.
Hubiera preferido ser caracol o tortuga para protegerme hasta de la luz pero no, ser lo que soy es suficiente.
Ahora, la casa en silencio. Unos duermen la siesta y otros se han ido a la playa y otros están a punto de llegar. Cuando lleguen desapareceré en ellos si puedo o me mantendré a distancia, una distancia prudencial, no transgresora socialmente, de tú a tú pero con aire de por medio. Necesito que nadie ajeno a mí traspase mi espacio vital, no es una manía, es una necesidad.
Hubiera preferido ser caracol o tortuga para protegerme hasta de la luz pero no, ser lo que soy es suficiente.