12.8.18

El hijo de David pendía malherido del balcón de su casa desde el año 45. Su madre y su padre lo veían allí todas las mañanas al salir de casa y todas las noches al regresar. 
De la torre más alta de la última iglesia construida en la ciudad se cayó un albañil joven que tiraba de unas sogas. Yo no lo vi, ni los padres de David lo vieron. Pero mi bisabuela, de manos muy sabias, me lo contaba cada vez que pasábamos por la iglesia, hacía años ya acabada, y lloraba su muerte como si fuera uno de los suyos, o de los nuestros que también somos suyos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario