13.9.14

Doscientas mil veces, nos dijo Yono la tarde de tanto calor africano, doscientas mil veces tuvo que oír los maullidos lastimeros de Tito debajo de la sombra de un almendro, donde Eloísa yacía ausente y Tito se sentaba y maullaba desconsoladamente. Tito no lograba olvidar la presencia de Eloísa, sobre todo los días de calor insoportable, porque de un país de calor insoportable procedía Eloísa y toda ella desprendía bochorno y vaho. Yono sabía que Tito pensaba que con Yono es totalmente distinto, porque no es de un país de calor insoportable, más bien de regiones de frío y lluvias incesantes. Y es que Yono se entiende a la perfección con Tito, le entiende en sus maullidos y asegura que se dirige a ella llamándola mamá, y como tal lo trata. La ciudad duerme la siesta y sueña con ellos paseando bajo los soportales como si fueran los guardianes del imperio antiguo de la ciudad. Es la parte más secreta y mejor guardada, que ningún turista extraviado a la hora intempestiva de la siesta se entere, que no lleguen a descubrir.
(No hay valientes en el paraíso)

1 comentario:

  1. Tito maulló doscientas mil lastimeras veces, desconsoladamente a Eloísa. Yono las contó, en todas y cada una de las gotas de vaho que producía el calor.

    Tito te agradece con ronroneos mil.

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