29.5.14

Madama Aguirre, la cólera urbana de dios, se ha cansado de ser naïf. Ahora come orejas, vende bombonas de butano, mastica chicles y gominolas de fresa y algunas veces de menta refrescada en la nevera, porque está cerca el verano y empieza a hacer calor y el calor derrite los chicles y la menta de las gominolas.
Por la noche mata ratas, solo si luce la luna, a taconazos y las echa al contenedor para vengarse de los que se hacinan al anochecer buscando comida en los contenedores próximos a los supermercados.
El última orejón que se comió estaba envenenado por la cólera del tiempo y su cuerpo flotó sobre la podredumbre urbana del barrio más rico de la ciudad. 

(No hay valientes en el paraíso)

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