3.12.13

Diario de 

El floripondio de la cocina, próximo al techo, se cayó al suelo. Ni un insecto. Ni una patita de resto de cadáver exquisito para otro insecto. Ni rastro de vida. 

El estruendo no fue muy grande pero seguro que nuestros corazones saltaron al unísono. No hay mayor misterio ni mayor intriga que las leyes físicas. 

Si algo sabemos es que eso de las casas encantadas es una mentira y que no hay mayor encantamiento que la ignorancia, que en nada se parece a eso de vivir encantados de la vida.

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