3.11.12

Han pasado días. No muchos. Desde cualquier última vez pasan días. Días acuáticos de madres. Se lo he dicho, un día escribiré sobre las madres, y se caerán hasta las torres de las catedrales. Pasaron días, muchos o pocos, desde la última vez del diluvio. Desde la última vez del desierto. Estoy muy triste, dijo él, porque mi madre no me quiere. Y los ojos eran una lágrima. La cara era una lágrima en la lágrima, la de él. Queda activado el mecanismo del dolor, el protocolo de la alerta. Un ring conmutador. Un ring interruptor. En enfermería no detectan nada. Es un lugar ciego. Donde nacen las disculpas y surgen los rings del dolor activado. Quizá solo sea la lluvia. O el recuerdo de la lluvia. El recuerdo de la mirada en la noche de la última vez. Los niños caen. Caen bajo la atenta mirada de nadie.

5 comentarios:

  1. Todo el texto es escalofriante, bello en musicalidad y ésto;

    "Quizá solo sea la lluvia. O el recuerdo de la lluvia. El recuerdo de la mirada en la noche de la última vez. Los niños caen. Caen bajo la atenta mirada de nadie"

    De lo más profundo que he leído últimamente, poesía, sin más.

    Un fuerte abrazo

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  2. Gracias, Ramón, por tu comentario.
    agradezco todos los comentarios, pero falta de tiempo me impide responderlos.
    Vi que cambiaste el blog, te leo,tampoco puedo dejarte comentarios, es una de las plantillas en que escribo y desaparecen, solo aveces si navego con explorer quedan ahí. pero navego con mozilla.
    Esta mirada de hoy para mí es bastante dolorosa.
    Reitero las gracias.
    Un abrazo.

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  3. Duele no saber, tal vez más todavía que cuando sabés, la diferencia es impotencia traducida en desesperación.
    Se nota el dolor, aún pobremente disimulado en la poesía del texto.
    Saludos desde el sur!

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  4. Algo falta.
    O mucho.
    Y no se sabe dónde, ni por qué, ni cómo.
    Entonces no hay nada.
    Nada.

    Triste, Mj, triste.
    Te abrazo

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  5. Triste y hermoso como la lluvia, como las madres que cuidan y descuidan.

    Abrazos

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