12.8.12

35

Bajo mínimos. Que se descalcen hasta los galgos. Que las cajeras dejen de contar las monedas, que las lancen incontables, como si fueran granos de arena, al país sin fondo de las cajas. Que se bajen de los patines y se adentren en las olas, también en las olas de virginia city. Adoro a virginia y a los virginios que la cuidaron y la amaron. Crueles descendientes, como todos los descendientes devoradores de padres, madres y demás parentelas y raleas. Como en mi país de montañas. Como en mi tierra de nieves. La mínima exactitud para calcular los días de sol de verano será insuficiente. El fuego será muy otro en otoño. No arderán candelas porque mi ciudad es tierra de carámbanos en invierno y de luciérnagas en primavera. Así, bajo mínimos, en la sección de carritos y surfistas. Ay, sí, a veces me gusta redundarme, es por el calor del desierto, por el calor de esta tierra de nadie, ¿o acaso se creen dueños de la tierra intergaláctica y total?
Bien, cajeras, este será nuestro discurso de fin de temporada, antes de lanzarnos como cibernícolas a las calles de ciudad sin ley.

3 comentarios:

  1. Atolondrados salimos a patear las calles, cegados por las ganas, acicateados por los recuerdos, punzados por el dolor infinito de aquel beso perdido. Miramos ciegos los carteles y nos perdemos, queremos perdernos y olvidar. Pero no, aquella memoria infernal nos acosa y acusa. Y nos miramos en la vidriera reflejados, apocados, levantamos los hombros, abrimos las narinas y fruncimos los labios, en actitud desafiante. No nos vamos a quedar callados!

    ResponderEliminar
  2. Todos andamos bajo mínimos...

    Saludos y un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Se creen dueños de todo. Tienen la pasta, las mentiras, los guantes blancos.
    Espero que se vire la tortilla y acompañar a las cajeras.

    ResponderEliminar