12.12.11

OTOÑOS INDECISOS / Antonio Fernández Morala


Hay otoños que nacen indecisos.

  Alboradas abrazadas a los ausentes, detrás de ocres que se ignoran.

 Remolinos de  hojas heridos por el leve susurro del  paso del viento.

Entre la vida de la tierra, apenas quedan días que se echen a volar;

solo pájaros desteñidos en  armoniosas fugas.

Lleno de tibieza, el corazón duele entre árboles desnudos rodeado

 de noviembre…y tú no estás;

nunca estás habitando los grises del alma.

La soledad no duele; es el silencio de tus labios el que deja lágrimas sobre el paso del tiempo.

Entonces ocurre que dejamos de existir…

nos mimetizamos en el sueño de la melancolía, entre  galernas sin mar,

y nos convertimos  en  náufragos  sin  otoño al que aferrarse.

Llenos de   vacío…somos forma del frío de las cosas.

Llega la hora pagana, la hora rojiza de las palabras  tristes.

Llueve  sobre el corazón  gotas  de ingenuidad, plomo para hombros desnudos,

humanidad que solo reparte egoísmo  y hastío.

Y así transcurre un tiempo no habitado sentados en la amistad de  la hierba.

El duende  de los bosques libados, vive en los sueños de las calles  vacías,

entre las venas de la conciencia.

A la hora de la poesía, cualquier otoño indeciso… es bueno  para la revolución.

Pero…tú no estás, nunca estás  habitando los grises del alma.

Aprendimos a no decir nada con la más  bonita  de las frases, el silencio de la mirada.

Los  nogales se  han  quedado desnudos, brillando entre las  palabras;

mientras el breve, pálido otoño, muere sin una  sola queja, abrazado a sí mismo.

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