14.11.11

Duodécima brevedad


I
Las princesas muertas se repartieron el camino antes de la bifurcación. Una vez muertas, ya nada importa. Cuando regresen, ya nadie se verá en la lengua bífida del último tritón.

II
Cuando no quede nada, quedará todo. Pienso en la casa del vecino que se ha muerto a principios de año. Pienso en los ruidos de su vida en la casa, ahora que desmontan las tuberías viejas y pican las paredes. Su vida silenciosa y rutinaria hasta el día de su muerte. Cómo queda todo su silencio roto por los golpes de las herramientas. Hasta los ladridos de su perro, un pastor alemán, han desaparecido de nuestros recuerdos.

III
Como termitas demoliendo y reconstruyendo un edificio.


5 comentarios:

  1. Su vida silenciosa y rutinaria hasta el día de su muerte. Cómo queda todo su silencio roto por los golpes de las herramientas.

    Esta imagen es demoledora. Me tiembla el cuerpo. Muy pero muy bien descrito ~

    Un beso o 2 #

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  2. Siempre pensé que las princesas nunca morían...

    Se ve que soy un ingenuo...

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  3. Antiqva,
    serás antigua por tu nombre'antiqva', hay nombres que imprimen carácter. Pero en mi ciudad lo que se dice morir...morir..., ya ves que vuelven y no se dice cómo.
    Un abrazo.



    Eleanor,
    hemos pasado de un silencio sepulcral a unos ruidos atronadores, el día menos pensado traspasan esta pared llena de libros y me tomo un café con los albañiles, creo que es cuetión de golpes que empiecen a car mis libros.
    Un abrazo.

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  4. quise decir 'caer' mis libros

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  5. todo y nada
    eso somos
    hasta nuestros recuerdos
    *

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