30.11.11

6

La ciudad se expande, cada día es más invasiva. La ciudad entra por nuestras ventanas y la respiramos. Es como una nube radioactiva. Cada día hay más coches muertos. Es una ciudad desguace. Solo queda algún camión de basura y alguna ambulancia destartalada.
Marcaremos los límites. Cruces o aspas que moverá el viento. Con la llegada de los últimos estorninos se ha agotada la paciencia. El cartel de bienvenida lo dice muy claro. No se admiten más estorninos. La misma frase se reproduce traducida a varios idiomas. Hasta los niños lo entienden. Yo soy un niño -dicen con miedo cuando te encuentras a algún niño por la calle-, solo soy un niño. A veces los niños pasean a sus perros. Y los perros olfatean el miedo y lo traducen. Solo soy un perro paseado por su niño, eso ladra el miedo de los perros de la ciudad.
La ciudad vive rodeada de cámaras. Nadie quiere perderse su crecimiento, su mutación en cementerio desguace. Por eso siguen llegando estorninos. Llegan del norte y del sur, mientras la ciudad crece hacia el este y el oeste.
Al final la ciudad será una línea horizontal. La línea del horizonte. Casi todos quieren tener un horizonte ante sus ojos y dirigirse hacia él, así lo traducen los estorninos que vuelan sobre la ciudad.

5 comentarios:

  1. Por algo no me gustan las ciudades. Yo adoro los bosques ~

    Un beso o 2 #

    ResponderEliminar
  2. Eleanor,
    también hay ciudades bosque, y casas bosque, y cocinas bosque,tú seguramente tienes espíritu de árbol y formas parte del bosuqe y la casa donde vivas será una casa bosque.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. La ciudad siempre se convierte en algo más grande...

    Saludos y un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. La sonrisa de Hiperión,
    y nosotros cada vez más pequeños, ¿no es curioso?
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. En las palabras de Henry David Thoreau:
    Vida ciudadana: millones de seres viviendo juntos en soledad.

    Que gran verdad.

    ResponderEliminar