2.9.11

Aquel hombre trabajaba en una esquina del supermercado, siempre estaba allí de pie, decía que era su trabajo.

En su cerebro llevaba una ciudad, a veces vivía en ella y entonces nadie lo encontraba en su sitio. Era un hombre feliz. No era un hombre estúpido.

Cuando se aburría acercaba una chispa a cualquier rincón de su ciudad, cuando la ciudad ardía el hombre dejaba de aburrirse y se convertía en un ser peligroso.

4 comentarios:

  1. Es lo malo de la gente que cuando no se aburre no hace como todo el mundo: ver la tele...

    Pues no, tienen que incendiar...

    Otro abrazo, amiga

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  2. Yo suelo vivir dentro de mi mundo imaginario ...
    Y créeme que cuando salgo de él porque me tomo una pausa y bajo a la realidad, soy alguien muy infeliz ...

    Un beso o 2 #

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  3. otra vez me recordaste "las ciudades invisibles"...*

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  4. Antiqva,
    es una especie de cuento, que está basado en una imagen real, quizá ese hombre no incendie nada, es de otro país y siempre me lo imagino pensando en su tierra aunque sus ojos y sus pies etén aquí.
    Un abrazo.


    Eleanor smith,
    yo vivo en los dos mundos, no veo gran diferencia, paso de uno a otro, el peligro es perder ese paso algún día, también me gusta más mi mundo que el de afuera.
    La felicidad solo es una palabra como otras muchas cosas del mundo de afuera, pero convertida en mito casi.
    Un abrazo.


    Rayuela,
    qué bien, y qué honor acecarme un poco a cortazar.
    Un abrazo.

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