9.8.11

Decimoquinto laberinto

El camino empedrado me aleja de Roma. Lugar de fuego. Lejos de los tesoros del mar los caballos descansan sobre la arena. Los perros dormitan. Ningún fugitivo será en una ciudad sin ley donde las suelas de las botas de los soldados se posan sobre los rostros de otros hombres. Mi rostro es libre. Solo lloro si la mirada se dirige a las piedras gastadas por el paso de las aguas. Magnitud del tiempo donde los cruces son ataviados por líneas invisibles y sonidos supersónicos que no pueden ser encauzados hacia ningún mar de fondo. Así tú, caminante perdido, si el tiempo te ha idiotizado. Sin puerta falsa, qué será de ti. Nunca llegarás a Roma, lugar de príncipes caídos. No llegarás a ciudad alguna mientras veneres dioses y leyendas. Yo solo te he soñado ciego. Fuera del lugar.

4 comentarios:

  1. recorro este laberinto...quiero huir de las botas.


    besos*

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  2. Rayuela,
    te diré que lo de las botas es porque este lunes, día de mercado en mi ciudad, detuvieron a un senegalés,(aunque no importe la nacionalidad, pero creo que si hubiera sido español, el comportmiento ppolicial hubiera sido otro)entre 6 pòlicías, lo tiraron al suelo, y hasta llegaron a poner un pie calzado con bota negra encima de su cabeza, y ni caso a los que protestaban por semejante acto.
    Pues por eso,
    abrazos.

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  3. ¡Que barbaridad!

    Juraria que eres la Alfaro que conocí de niño...

    Y veo arriba a Rayuela...

    Un abrazo, amiga

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  4. Antiqva!!!
    sí éramos niños de aquella, pero no sé qué pasó en tu blog que lo dejé, hasta pensé que había cambiado de dueño, ya ves que sorpresa.
    Pues volveré.
    Un abrazo grande.

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