25.3.09

La mujer de barro me teje las palabras, no tiene hilos ya en sus manos ni en sus ojos. Sé que sólo ella tiene todas las palabras, las oigo en su silencio, las leo en sus manos llenas de venas y arrugadas cuando las mueve o cuando las reposa. Mira, mira, me dice. Yo miro y al mismo tiempo pienso no quiero separarme de esta voz. Es la voz del olvido, es la voz de la ausencia, es parte de la voz que encuentro siempre en la cueva donde me refugio

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