20.6.10

Todos los días se inventaba un nombre que lo nombrase. A mí eso no me gustaba nada. Desestabilizaba nuestro mundo. Prefería un cambio de cara, de imagen mismamente. Cambiar el nombre era convertirse en otro. apropiarse de atributos de otro. Solo me quedaba inventarme máscaras. y me convertí en un mí enmascarado.

6 comentarios:

  1. qué bueno!!!! es como meterse en la vida de otro... aveces la vida empuja!

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  2. Nombrarse para sentir que se es, pronunciar en voz alta esas letras que nominan y diferencian... Un mí enmascarado que defienda, un sin nombre que da una cara de un yo protegido y anónimo.
    Te extrañe.
    Besitos.

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  3. a veces, alfaro, reinventarse, hacer otro barro de sí mismo, funciona. un abrazo a los dos.

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  4. En mi caso, yo no pude elegir ni mi apellido ni mi rostro. Ser una mujer ú hombre sin nombre sería quizás algo más genuino. Una denominación tampoco dice mucho y a veces, nada. Lo mismo que tener muchos apelativos es no tener ninguno. Apropiarse de los atributos del otro me parece un acto benévolo porque esos atributos también son imaginados. Sin duda, un nombre y una máscara no es lo mismo. Prefiero creer que es mejor inventarse la vida día a día. ¿Por qué entonces no fabularse un nombre, Alfaro?

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  5. ...pues a mí me divierte, cada dia una historia...o quizá simplemente es que no le gustaba ser el
    Un abrazo ya lento con el sol de la mañana

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  6. ¿Por que no fabularse?
    De eso se trata, de fabular, sea nombre o tiempo...
    Me gusta fabular y que me fabulen y que se fabulen, es divertido... y a veces menos divertido.
    También es protegerse.
    También es enmascararse,
    el texto solo es la arista menos agradable de la fábula, de la confabulación.
    Abrazos.

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