11.5.10

El hombre que habla hacia mí
me desnuda de soledad
en días penumbra
verdes y grises sobre la piel
complemento costra
de tiempo
 
me retiene en los días
cuando sólo cuento los pasos
para avanzar hacia mí
mismamente
el hombre que me anuda
a su voz de soledad
desde mi garganta.

9 comentarios:

  1. Me gusta esta desnudez, poesía en estado puro. Hablar hacuia mí..., gran hallazgo.

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  2. Jose Zúñiga,
    gracias por llamarlo poesía, pero tan poesía es la desnudez como el ropaje.Quizá hay más poesía en los ojos que leen que en la mano que escribe.
    No siempre que hablamos, hablamos hacia el otro, cuántas veces el que habla lo hace sólo para oírse.
    Un abrazo.

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  3. cuenta los pasos que hay desde la soledad a la penumbra y anúdalos con hilos de colores

    un abrazo

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  4. ana sáenz,
    qué bonito anudar con hilos de colores, y los hilos invisibles...
    Un abrazo.

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  5. Los pasos siempre nos conducen a alguna parte. A veces, a la más pura de las desnudeces. Ahi estará el hombre, quizás.

    Besos, tesoro

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  6. Que delicia descubrir, esa parte de vespertina ausencia, en la compañia del que pone en orden las miradas y nos hace visibles...

    Una declaración de amor maravillosa.

    Gracias, te abrazo achuchadamente.

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  7. Maravilloso como siempre... cada vez más esencia y dolor encontrándose..

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  8. virgi,
    recuerda que hay pasos perdidos
    un abrazo.


    Begoña,
    pues, sí, más o menos como dices.
    Abrazo.


    Ico,
    muchas gracias, dicen que siemre se escribe sobre lo mismo, quizá sea cierto, y habría que saber definir 'lo mismo'
    abrazo.

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  9. Es cuando no sé qué decir. Es cuando la soledad va de garganta a oídos gritando por los ojos. Él sabe que le pienso sola pero no lo dice. Es cuando yo le pregunto en silencio si alguna vez me pensará. Me pide que le sueñe. Me empuja a nadar dentro de mí. Es cuando abro la boca y sólo entra agua. Su voz me delata. Y a quién pretendo engañar salvo a mí mismamente. Él me desnuda y no me da miedo. Es cuando me asusta temblar sin temor.

    No me preguntes por qué todo esto, Alfaro, porque ni yo lo sé. Perdón por no saber decirlo mejor y gracias, muchísimas gracias, por empujarme a oírme oyéndote.

    Besos.

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