7.8.09

Realmente Simple Sinindicación

Los pingüinos llegaron del otro desierto, del frío, sin tejados; todo, horizonte.

El tiempo parece que no pasa. De un extremo a otro de la ciudad por una calzada romana, bajo la lluvia. En uno de los extremos hay una antigua casa de indianos, bajo su tejado esperan las palabras.

Ella y yo se encontraron en un cruce de neuronas, infinita red sin tiempo. Y volvimos a ser una en él.


La locura no es un estado, solo es un proceso, un proceso extraordinario, que rompe redes y las une en desiertos fríos sin tejados ni horizontes, y nos atraviesa desde las calzadas romanas hasta llegar al puente de San Francisco, sin señales de indicación. Es un discurso continuo o un silencio que no se acaba, y si chocan en ti te lanzas por el tobogán más sombrío, como si fueras el último pingüino del desierto.

5 comentarios:

  1. "Todo, horizonte"

    Con esa expresión, has cantado bingo en un cartón de mi mente.

    "Todo, horizonte"

    ¡Qué más quisiera yo!

    (Tienes el don, amiga. Por cierto: en esta locura de Madrid, no podría sobrevivir el pingüino. Hace tanto calor...)

    Un beso.
    Co-dor-níuuu...

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  2. Solo un proceso, cierto, que a veces conforma un estado... saludos

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  3. La esperanza, allá en el horizonte, mirar al cielo, al mar, es lo mismo... Siempre distinto.

    Cariñitos y achuchón.

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  4. La locura es el segundo que acontece al chispazo que desencadena el choque de la esperanza y las horas muertas, mientras en la calle a lo mejor llueve y la sombra de las gotas de lluvia están tan secas que siguen reclamándole lluvia a las nubes, como si siempre éstas tuvieran agua.

    Un dulce beso, Alfaro.

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  5. Codorníuuuu, (esta u alargándose al final es un resto de lobo feroz?, jajaja...),

    Begoña,

    Ico,

    Luna,

    muchas gracias por pasar por aquí y dejarme vuestras palabras.

    Besos.

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