21.3.09

Insomnio / Pepe Pereza

Llevaba un horario de vampiro. Se acostaba al amanecer y se levantaba de noche. Hacía tanto tiempo que era así que no podía recordar cómo había llegado a ese desequilibrio. Siempre le costó conciliar el sueño, se pasaba horas enteras tumbado en la cama esperando, cada vez más nervioso, más desesperanzado, viendo como el tiempo corría sin poder hacer nada para evitarlo, llenando el cenicero de desilusiones, leyendo hasta que cansado sus ojos empezaban a desenfocar las palabras, escuchando las lánguidas emisiones de los programas de radio nocturnos, cualquier cosa para continuar tumbado en la cama. Después de varias horas concentrándose para conciliar el sueño quedaba extenuado, hasta que por fin, la claridad del nuevo día se colaba entre las rendijas de la ventana cerrada y llegaba el sueño.
Al penetrar la tenue luz por la rendija de la ventana y encontrarse con la oscuridad del dormitorio se generaba un efecto de cámara oscura. El exterior de la calle quedaba nítidamente proyectado en el techo del cuarto, como si en la penumbra alguien hubiese puesto en marcha un proyector de cine. Mirando ese reflejo mágico, regalo de las maravillas de la óptica, llegaba el momento en que por fin conseguía dormirse.
Desde que ella se había instalado allí algunas cosas habían cambiado. La casa había cobrado vida, el frigorífico estaba lleno, la cocina se plagaba de apetecibles aromas a las horas de comer, la lavadora había resucitado y los tendederos blandían al viento las ropas bien lavadas con cariño y suavizante, del espejo del cuarto de baño desaparecieron las salpicaduras del dentífrico, las cortinas del salón recobraron sus colores originales y las veladas nocturnas se disfrutaban ahora con frutos secos y programas de televisión. Todo era perfecto.
Bueno...
Casi perfecto, porque el insomnio seguía haciendo presa en él, y con ella acostada a su lado, esas horas de espera eran más largas y tediosas, pues tenía que prescindir de todos esos complementos que le ayudaban a ir sobrellevando el tiempo: la lectura, la radio, fumar... Cualquiera de esas actividades la hubiera despertado, y ella madrugaba, así que sus horas de sueño eran sagradas. Él temía cada día más la hora de irse a la cama, tener que soportar a oscuras el paso de cada minuto, reprimiendo la necesidad de cambiar de postura, ahogando cada bostezo, cada anhelo... De vez en cuando no lo podía soportar y se levantaba para matar su aburrimiento viendo las teletiendas o simplemente quedándose sentado sin hacer nada en una especie de letargo demencial. Ese horario desorganizado y deforme le estaba haciendo enfermar. Debía levantarse antes de que ella llegara del trabajo, hacer la compra en el mercado y preparar la comida, con lo que apenas quedaban unas pocas horas para dormir. Estaba siempre tan cansado que la relación entre los dos se deterioraba por momentos. El mal ánimo se instaló en la casa como un inquilino fijo. Él intentaba combatir el insomnio a base de litros de valeriana y un recital de somníferos. Lo intentó con vino peleón, con desamparo, con desasosiego, con todas sus fuerzas.
Todo fue en vano, y pronto se vio solo de nuevo. El frigorífico se fue vaciando, los tendederos también, el fregadero de la cocina se llenó de platos mohosos y cubiertos resecos, el espejo del baño recuperó los puntitos del dentífrico... y él siguió su vida de vampiro, esperando a que el amanecer entrase por la rendija de la ventana y proyectase sobre el techo las mágicas imágenes que le prometían que el sueño estaba cerca.


(Del libro inédito Amores Breves de Pepe Pereza).
Un clik aquí para otro de Amores Breves.

11 comentarios:

  1. El amor puede desbaratarse por cualquier motivo, y éste es de los más duros que podría haber imaginado.
    Me ha encantado leer a Pepe Pereza, gracias por traerlo, Alfaro.
    Un beso a los dos.

    ResponderEliminar
  2. El insomnio es terrible... apuñala el cerebro y el corazón y hace crecer el dolor de forma incalculable. Todo el mundo debería poder dormir y descasar, y el mundo sería un sitio mejor.
    Un besico.

    ResponderEliminar
  3. Un relato fascinante amiga!!!
    Cuantes personas estan pasando por ese momento en estos tiempos de stress... cuantas!!!
    Me sentí identificada con una parte pequeña del relato... cuando era pequeña y tenia miedo y no podia dormirme miraba las paredes de mi cuarto, no habia una luz que brillara como una pantalla pero si me imaginaba siempre la imagen de una virgen... algo asi como si gritara protección a los cuatro vientos!!!
    Solo conoci a PEREZA a través de ti que si no me equivoco has posteado ya algunas cositas mas de el sumamente interesantes!!!
    Amiga, feliz Primavera para ti... y besotes llenos de luz cielo!!!

    ResponderEliminar
  4. Amiga
    paso para darte un beso
    y para felicitarte en el dia internacional de la poesía.

    ResponderEliminar
  5. La soledad es la falta de sol en la cara del alma.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  6. ¡Uf! Otro desvelo, que en realidad es insomnio...y que duro el final para un principio casi perfecto.

    Dile a Pepe que me gustó!

    ResponderEliminar
  7. Me gusta que de vez en cuando venga Pepe Pereza a habitar esta ciudad. Todavía me acuerdo del cuento de los niños que buscaban el tesoro del Torreón. Fue como una ilusión breve, excavada, y éste de hoy es eso, un amor breve que no se llegó a acostumbrar a sus cambios.
    Enhorabuena por este insomnio, Pepe Pereza (¿qué nos pasará últimamente, Alfaro, que las noches de desvelo nos cercan a todos?). Espero seguir leyéndote de vez en cuando por aquí.

    Un dulce beso a los dos.

    P.D. Qué azul y qué profundo el poema de Ana Blandiana en tu barra lateral, Alfaro. Me alegra saber que lo has puesto ahí para poder tenerlo siempre cerca.

    ResponderEliminar
  8. "...llenando el cenicero de desilusiones..."

    Amiga, esta frase me atrapo especialmente.

    Magnifico relato el que nos has brindado.

    Un abrazo, amiga

    ResponderEliminar
  9. No me canso de decirlo, me encanta visitar esta ciudad maravillosa. Visitar sus monumentos y dejarme agasajar por sus gentiles habitantes. Y usted, señora alcaldesa, una vez más, me pongo a sus pies.

    ResponderEliminar
  10. Verbo,
    gracias y un abrazo.

    (*,
    me gustó mucho el poema de Ana B.sobre todo los versos que dicen que con dolor extraes el esqueleto para colocarlo como un caparazón...
    eso quisiera hacer yo muchas veces...
    Pepe tiene cuentos muy buenos,
    algún cuento más aparecerá por aquí, sí...
    si no me toca los pies... como acabo de leer.
    Un beso.



    Pepe,
    ¿pero qué haces? a estas horas, jajaja..., si me vuelves a "tocar" los pies...,
    mejor nos subimos a los nidos de las cigüeñas para ver el paisaje... a ver cómo es Alfaro, si es marrón o verde.
    anda, anda...
    Muchos besos.

    ResponderEliminar
  11. Me encantó, el insomnio es tan cercano a muchos que se puede comprender el desenlace.

    Besotes

    ResponderEliminar